Éramos tan soñadoras, creíamos fielmente en el amodior, en que cien años de soledad era la guía práctica para vivir y a él lo apoyábamos en que la extinción humana era la solución para la humanidad. El amodior poco a poco fue perdiendo ese encanto intoxicante y entro la cotidianidad de pareja, que en realidad el odior no hacía tan bien. El realismo mágico todavía lo puedo ver en todas partes y le daré otra vuelta, pero no resulta ser tan práctico como en esa primera mirada. Por otra parte, la extinción humana aún podría ser la solución, pero no lo fue para él.
En todo caso sigo llorando con esas películas románticas y me cuesta entender que las psicosis sean mera disfunción cerebral... sigo creyendo en la hora del destino pero no sé donde estará el reloj.